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miércoles, 12 de octubre de 2016

Gonzalo Vega en Acapulco



Durante muchos años Gonzalo Vega recorrió los rincones de la república con su recordada puesta en escena de “La Señora Presidenta”. En uno de esos años sucedió que cuando vino a Acapulco, fue asaltado durante un recorrido que hacía en el Fuerte de San Diego (debió ser en el año 1998, pues aprovechaba las coyunturas electorales para atraer más público a su espectáculo, pues deslizaba críticas a los candidatos del momento).
Recuerdo haber leído la nota en el periódico y haberla comentado con mi querido amigo Pablo, mejor conocido en los bajos mundos de los juzgados penales como El Abuelo, por su profusa cabellera canosa, pero la noticia no tuvo mayor trascendencia para mí, hasta que unos días después llegó a mi juzgado y a mi secretaría, el detenido con la averiguación previa que, como sucede algunas veces, la Procuraduría se apresuró a resolver cuando se trata de asuntos de impacto mediático. El detenido aceptó haber sido quien robó a Gonzalo Vega un reloj, una cámara y no recuerdo qué más.
De inmediato la Procu mandó a traer al actor para que recuperara sus posesiones y de paso, pararse el cuello por una justicia pronta y expedita, por lo menos en ese caso.
Así que un día antes me dijo el Juez (¿quién sería el Juez? No me acuerdo), me previno que atendiera al personaje y levantara el acta respectiva.
Un par de horas antes del día señalado, llegó mi amiga Saray para decirme, palabras más, palabras menos, que quería un autógrafo del actor y que no me perdonaría que no lo pidiera para ella, y que ya había advertido al personal de su juzgado que ni se les ocurriera salir al baño o a tomar agua, pretexto suficiente para escaparse al Juzgado Quinto ---donde yo trabajaba---, para ver de cerca a la estrella.
Pero no fue así en los demás juzgados. Cuando llegó el actor, sencillamente vestido y acompañado de una mujer rubia a la que presentó como su novia, mi juzgado se llenó de mujeres, sobre todo, que, a distancia prudente, vieron la diligencia que no duró mucho y no era tan trascendente, pues solamente recogería sus cosas.
Gonzalo Vega resultó ser un tipo la mar de sencillo, simpático y agradable (decía que La Güera, refiriéndose a su novia, le pegaba sus “zapes” en la cabeza y que por eso no escuchaba bien). Platicamos unos minutos de cine y actores. Recuerdo que le pregunté acerca de su experiencia al haber trabajado con Fernando Soler en El Lugar sin Límites; de su película Lo que Importa es Vivir y me halagó cuando le dije que Luis Alcoriza fue en cierto modo discípulo de Luis Buñuel. “Se ve que sabe usted de cine”, me dijo, y yo le respondí que me gustaba el cine y que además leía mucho.
En determinado momento vio sobre mi escritorio un libro poesía de Mario Benedetti que compré en La Habana, y preguntó de quién era. “Mío”, le respondí, y me felicitó por leer poesía, sobre todo siendo Benedetti el autor; fue el momento oportuno para pedirle me lo autografiara. Amable como era, tomó una pluma y escribió una dedicatoria que ahora no recuerdo con exactitud, pero era algo así como “felicidades por la poesía que nos alimenta”.
En eso llegó a la secretaría de El Abuelo el perito Miguel Catalán Sánchez, quien además de haber sido mi maestro en la Universidad, es un buen amigo, quien iba a tomar unas fotografías de un expediente para un dictamen a rendir, así que aproveché para pedirle que nos tomara algunas fotos, y todos allí, como mis queridas amigas Elvia Edith, Lulú, Yolanda y demás compañeras, se fotografiaron con él.
Finalmente, se despidió de todos de mano, tomó sus cosas y se retiró, no sin antes pedirle el autógrafo para Saray, mi futura consuegra, no vaya a ser…
Todo estuvo muy bien, excepto que a la salida, apenas un par de horas después, todos los compañeros varones de los juzgados, comenzaron a decirme, “Mario, cabrón, estabas tan enamorado de Gonzalo Vega ¡que se te olvidó tomarle sus generales en el acta!; ¡Pinche Mario, te apendejaste por estar con él!” y esa clase de puyas.
Y sí. Se me olvidó. Por ese olvido tuve mis quince minutos. Pero conservo esta foto en la que se ve a Gonzalo Vega firmando el acta. A su lado, su acompañante; de pie, Elvia Edith y de las chicas de atrás, solo recuerdo a Érika. Sobre el escritorio el libro que me autografió y que ya no supe en dónde quedó unos tres años después, y mi brazo izquierdo con manga de camisa a cuadros.

sábado, 13 de junio de 2009

Acapulco y los balazos

La semana pasada el puerto de Acapulco fue escenario de una de las tantas batallas por el control de las rutas para el trasiego de las drogas. Los reportes varían en algunos aspectos: por ejemplo, unos dicen que "la batalla" duró seis horas, otros que cuatro, pero todos coinciden en que el clima que se vivió en esas fechas fue de terror y zozobra y que las consecuencias en el ámbito económico son aún más terribles, por la imagen que se difundió en todo el mundo: soldados encañonando civiles a bordo de un Volkswagen al grito de "¡manos arriba!", con el audio de fondo de disparos y explosiones.
Si de por sí el turismo ha huido de esta ciudad como consecuencia de años de politicas erradas y una feroz sobreexplotación de los paseantes, así como del bicho AH1N1, el resultado es palpable el día de hoy y lo pude constatar: la Avenida Costera Miguel Alemán, tradicionalmente intransitable en fin de semana, estuvo media vacía; los centros comerciales con locales desiertos y/o en renta y un clima de miedo latente por el temor a que de pronto se suelten los tiros cuando pasan los federales encapuchados y con las armas en ristre.
Pero de este rosario de cuestiones relacionadas, la que me ha dejado pasmado es que el gobernador del estado, Zeferino Torreblanca, el Procurador de Justicia, Eduardo Murueta y el Secretario Seguridad Pública, Juan Heriberto Salinas Altés, han brillado por su conducta apocada y ratonera, aduciendo que el tráfico de drogas es de competencia federal, en una sui generis reedición el "y yo por qué" de Fox, al grado que hasta el día de hoy no han hecho una declaración oficial acerca de los hechos que salga al paso de los rumores y desinformación que es lo peor que puede difundirse en una sociedad, porque genera intranquilidad, que el peor enemigo de la actividad económica.

sábado, 9 de mayo de 2009

Otra vez la influenza

Leí con preocupación en la versión electrónica de El Universal que han aumentado los casos de influenza humana en el estado de Guerrero, específicamente en Acapulco. En toda la entidad no habrá clases en primaria, secundaria y kinder (lo último significa que mi hija Cosette tendrá más "vacaciones") hasta el 18 de mayo http://www.eluniversal.com.mx/estados/71710.html. Desde mi punto de vista hace falta una actuación más decidida por parte del gobierno del estado, que en esta crisis se ha caracterizado por su apatía, insensibilidad y falta de compromiso con un problema de salud pública que de seguir en esta tesitura, se le saldrá de las manos, con costos políticos y económicos insospechados. Lo que no deja de llamar la atención es que con su pasividad el Gobernador Zeferino Torreblanca parece estar allanándole el camino hacia la gubernatura a su otrora rival Manuel Añorve, Presidente Municipal de Acapulco, quien no cesa de aparecer en la prensa anunciando medidas contra la pandemia

Y hoy no hay cine

Estoy en Acapulco por el fin de semana y no hay cines. La pandemia de influenza humana está apenas manifestándose en esta ciudad y por ello el alcalde ha decidido mantener cerrados los cines, bares, etcétera. Será un golpe importante para los empresarios turísticos porque, como todos saben, aquí en Guerrero no hay otra fuente de riqueza que el turismo, el comercio y los servicios. Pienso que esto tiene que ver básicamente con la desbandada que hubo en el Distrito Federal, principalmente, como consecuencia del paro de labores en todo el país. Mucha gente no cree que esto de la epidemia sea real, y aunque parezca mentira, en su mayor parte son personas que podrían catalogarse como "estudiadas". Bueno, una vez más, eso prueba que la inteligencia no tiene nada que ver con la preparación académica.