miércoles, 8 de junio de 2016

El reparto agrario



Papá terminó su carrera de ingeniero agrónomo a los 19 años, en la Escuela Particular de Agricultura de los hermanos Escobar (EPA), en Ciudad Juárez, Chihuahua. Nacido en Meoqui, Chihuahua, en enero de 1914, hijo de campesinos, el menor de los hermanos creció siempre bajo la mirada estrictísima de sus hermanas, maestras de profesión que lo traían cortito. En la EPA, me contó, conoció a Tin Tán y a uno de sus hermanos, tal vez Don Ramón (Germán iba uno o dos años más adelante que mi papá).
Con su título en la mano, llegó el momento de poner en práctica lo aprendido y alguien le ofreció trabajo en el estado de Guerrero. Le iban a pagar (digamos para efecto del relato) 20 pesos al mes y aceptó. Poco antes de iniciar su viaje, otra persona le ofreció trabajo en Meoqui, creo, aunque no estoy seguro. Lo importante es que el trabajo era allá mismo, en Chihuahua y no tenía que dejar su terruño; además, le iban a pagar 30 pesos al mes.
“Pero yo ya había dicho que sí venía para Guerrero, y no quise quedar mal”, me contó un día, aunque me imagino que, ante la perspectiva de conocer nuevas tierras, se decantó por la aventura y lo desconocido.
Ahora que lo pienso, no le pregunté cómo llegó a Guerrero. De Chihuahua al Distrito Federal, seguramente hizo el viaje en tren, pero de la capital a Chilpancingo ¿lo haría en auto, camión, avioneta o a caballo? Es necesario recordar que el tren llegaba hasta Iguala y que la carretera México-Acapulco apenas se había inaugurado en 1929, más o menos, así que creo que mi duda es justificable, pero no el haber perdido la oportunidad de preguntarle. Así sucede siempre: damos por sentadas las cosas y no las preguntamos y después lamentamos no haber charlado un poco más.
Me imagino su llegada a Chilpancingo, en 1935 o 1936 (mis hermanos Manuel, Armida, Lilia y tal vez Javier serían más exactos): asombrado por los paisajes, los olores, los sabores, los caudalosos ríos y la gente ¡qué distintas vio a las personas! El rubio y ojiazul ingeniero, alto y muy delgado, debió quedarse sorprendido por la pequeña ciudad de Chilpancingo, en medio del valle y con un caudaloso río Huacapa que la delimitaba al oeste; la gente en el mercado y en la plaza, la gente del pueblo, pues, menuda y morena hablando en lenguas extrañas o español con un acento ajeno totalmente al del norte.
De 1936 es la foto que mandó a su hermana Carmen, mi tía, tal vez para asegurarle a ella y por su conducto a mi abuela Antonia, que estaba bien y que no había sido devorado por los salvajes surianos.
Habiendo llegado en el inicio del sexenio del General Presidente Lázaro Cárdenas, le correspondió poner en práctica el reparto agrario en el estado. Lo armaron con un teodolito, una máquina de escribir y le pusieron escolta del ejército para que lo custodiara en su peregrinar por sierras, cañadas, ríos, valles, poblados donde los habitantes apenas hablaban español, pero que, conmovido me contaba, le abrían su casa de par en par para compartir con él la poca comida que tenían, mientras él, siguiendo instrucciones del Departamento Agrario, medía terrenos y trazaba linderos para constituir ejidos, y levantaba las actas correspondientes.
Especialmente me contó dos anécdotas: en una ocasión lo mandaron a Ometepec a constituir un ejido, a costa, claro, de los terratenientes de la región. Como siempre, le pusieron un escuadrón del ejército para que lo cuidara. El viaje lo realizaron a caballo y en una de las jornadas tuvieron una emboscada, presumiblemente organizada por los caciques del rumbo, para impedir el reparto agrario.
¡Ejército Mexicano! ---gritó el comandante de la escolta, cuarenta y cinco en mano, a modo de identificación, para que los pistoleros dejaran de disparar, cosa que no sucedió sino hasta que se repelió la agresión por parte del escuadrón.
Cuando llegaron a Ometepec, fue recibido por las autoridades civiles y tratado con todas las deferencias debidas a su carácter de enviado del gobierno federal, y ya no recuerdo los detalles, pero me dijo que después se enteró de que el comandante de su escolta fue detenido y procesado porque se descubrió que la emboscada era la táctica de diversión para encubrir el plomazo que le iba a meter el militar al “ingenierito ese”, por encargo de los mismos caciques que formaban parte de la comitiva que lo recibió con todos los honores. El ardid no funcionó porque al iniciarse la balacera se tiraron todos al piso, incluido el perpetrador y la pistola se le encasquilló, probablemente al llenarse de tierra.
La otra anécdota ocurrió en la Costa Grande de Guerrero. Papá acudió a un pueblo que tenía pleitos con otro, y pese a que ambos eran beneficiarios de la expropiación, uno de los dos pueblos iba a quedar en peor situación que el otro.
Me dijo que llegó al pueblo que no estaba muy de acuerdo con los planes del gobierno, y que pidió hablar con las autoridades del lugar, pero le dijeron que estaban en asamblea y que hasta que ésta terminara, el ingeniero podría pasar para hacerse escuchar. Me arguyó que la asamblea, como la estaban llevando a cabo no tenía valor porque no estaba presente él, y que, por ello, tomó el asunto como una majadería de las autoridades del pueblo. Para acabarla de amolar, dijo, se dejó caer un aguacero marca diablo y tuvo que quedarse sentado a la intemperie, sobre una piedra, con una manga de agua (o sea un impermeable grande), cubriendo su equipo de medición y su máquina de escribir, para que no se mojara. Eso sí, su escolta militar se colocó a su alrededor “en abanico”, para protegerlo ante cualquier eventualidad.
Continuó narrando que así pasó el aguacero que duró bastante tiempo, durante el cual, las autoridades del pueblo no le ofrecieron guarecerse ni nada, así que una vez que la lluvia cesó, allí afuera, bajo de un árbol, sacó su máquina de escribir, y custodiado por los soldados, levantó el acta de lo ocurrido, y formalizó el ejido, según sus instrucciones, pero que en lo que esto hacía, la gente del pueblo lo invitó a su asamblea, pero papá, molesto e indignado, les dijo que “no, gracias. No me invitaron a pasar cuando estaba lloviendo, ni a mí ni a mi escolta, así que ahora ya no es necesario. Ya estoy haciendo el acta”.


martes, 7 de junio de 2016

Mi papá y los deportes


Papá era un aficionado a los deportes. En su juventud jugaba frontón. No sé si participó en algún torneo, pero recuerdo que de niño vi su raqueta entre las cosas guardadas en el closet, con su marco, por aquello de que se fuera a descuadrar, supongo. 

Dice el doctor Guzmán que conoció a mi papá cuando niño aquél, lo veía pasar con su raqueta en la mano, rumbo al frontón, allá en ciudad Altamirano. “A mí me impresionaba verlo; lo recuerdo muy bien: Alto, rubio, vestido todo de blanco y con su raqueta”, le gusta contar al doctor cada que lo veo, quien, cosas de la vida, al paso de los años se constituyó en médico del Banco Rural, y por tanto el médico de mi papá y de los hijos que aún teníamos derecho al seguro.

No sé si practicó algún otro deporte, pero le encantaba ver el box los sábados por la noche, en el canal 2. Gracias a su gusto por el pugilato ahora sé de los jabs, el recto, el gancho al hígado, del réferi Octavio Meirán, de Mantequilla Nápoles, El Púas, Carlos Zárate, Alfonso Zamora y tantos otros que seguía fielmente. 

Un día por la mañana, cuando vivíamos en Meoqui, Chihuahua, me despertó con la “terrible” noticia de la muerte en un accidente automovilístico de Salvador Sánchez, el campeón pluma, creo, un boxeador dotado sin duda, pero que chocó con su vehículo con un tráiler estacionado en la autopista México-Querétaro (conste que todo esto lo cito de memoria, así que inexactitudes aparte, lo importante es la anécdota en sí).

---¿Qué crees que pasó? ---, dijo y sin esperar respuesta continuó--- ¡Perdió Salvador Sánchez!
---¿Contra quién?
---¡Contra La Parca!

Y me explicó que según las noticias de la tele, el púgil iba manejando en la autopista; que había un tráiler estacionado y sin luces y que contra él se fue a estampar el grandioso campeón, y así al cielo llegó: campeón.

(Solamente en una ocasión no apoyó a incondicionalmente Salvador Sánchez: fue cuando derrotó a Dany El Coloradito López, a quien le puso una madrina de aquéllas. Con cargo de conciencia, mi papá me explicó: Peleó bien, pero me dio mucha pena que le pegara tanto al Coloradito, porque se parece al Güero--- refiriéndose a mi hermano Alejandro García, que aparece en la foto que acompaña este post).

Varios años después, el 24 de abril de 1993 (ahora no me confié a la memoria y consulté el calendario), se llevaba a cabo un experimento en los medios en México. CNI, lo que después se llamaría Canal 40, transmitía las noticias en texto: una pantalla con un color fijo en el fondo y aparecían los textos de las noticias del momento, como si fuera un télex. No había locutores, ni audio y no recuerdo si había imágenes, aunque me parece que con letras acomodadas artísticamente formaban alguna que otra imagen. Era un canal de cable y casi nadie lo veía porque, después de todo, ¿quién demonios iba a ver noticias leyendo texto?

Pues papá lo veía, y la mañana de ese sábado de abril llegó apresurado a verme a mi casa, con el ánimo por los suelos y francamente molesto con la vida:

---¡Se murió Julio César Chávez! --- soltó de golpe.
---¿En serio?
---¡Sí! ¡Lo acabo de ver en el canal ese de las noticias! ¡Qué mala suerte!

Al tiempo que preguntaba los detalles del deceso, encendí la tele y esperamos juntos a que las noticias cumplieran el ciclo que les habían asignado y pasara de nuevo la nota que nos interesaba. Y sí. Pasados unos segundos apareció una nota pequeñísima, por el formato del canal y por el tamaño de la letra que mi papá no pudo leer, que hablaba de la muerte de César Chávez, el sindicalista chicano.

Enseguida lo tranquilicé: no se trataba de Julio César Chávez, el campeón de boxeo, sino de César Chávez, un chicano que era muy respetado en california porque había unido a los trabajadores agrícolas inmigrantes para luchar por mejores condiciones de vida.

Si cuando llegó a darme la noticia estaba desencajado y molesto por la muerte del boxeador, ahora estaba realmente furioso con el canal de noticias que de manera irresponsable cabeceó solamente el nombre del fallecido sin precisar que se trataba de otra persona, desde luego de alguien de menor importancia para él, mi padre fanático del box.

Pasados unos minutos se tranquilizó y se fue a su casa, no sin antes argumentar:

¡Cómo se les ocurre dar la noticia así! ¡Debían haber especificado!

lunes, 30 de mayo de 2016

Mis dos encuentros con Paco Ignacio Taibo II

Estaría yo en primer año de la universidad cuando asistí a un evento en el que participaron Paco Ignacio Taibo II y Rogelio Vizcaíno. Hablaron del prócer acapulqueño Juan R. Escudero, de quien yo no sabía sino que en el centro de la ciudad existe una calle con su nombre.

Le pedí un autógrafo a ambos y unos días después me compré su libro, escrito a la limón, como los grandes toreros (Socialismo en un Solo Puerto). Recuerdo que recorté los autógrafos y los pegué en la primera hoja del libro.

Meses después, por instancia de Jaime Cardoso y con la participación de Aurelio Peláez Maya, entre otros, que nos habíamos constituído en la intelligentsia de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Guerrero, organizamos un concurso de cuento. Yo participé con un cuento que recreaba las primeras horas de Juan después de haber sido ejecutado con un tiro de gracia por los milicos al servicio de la gran burguesía hispana (todavía en los albores de los años 1920 eran los dueños de Acapulco y sus relaciones comerciales con el exterior, entendiendo por exterior todo lo que no era Acapulco, pues geográfica y políticamente el puerto era una ínsula, aislada de todo lo que sucedía en el resto del país: Por ejemplo, en esos años no se celebraba la independencia, sino a la Virgen de los Remedios, creo, que era la patrona de los gachupines). Sus dolores, delirios, la sorpresa por haber quedado paralizado medio cuerpo y todo lo que implicó que un hombre en la plenitud de su vida, hubiera quedado baldado físicamente, pero intelectualmente apto para la lucha política. Esa fue la temática del bendito cuento que escribí.

En fin, el concurso se llevó a cabo y yo gané el primer lugar con un cuento que Aurelio y Jaime insistieron que debía llamarse "La Rabia de Juan". El Rector de la Universidad tuvo el honor de entregarme mi constancia de ganador y el cuento sufrió el sueño de los justos hasta que alrededor de doce o quince años después, cuando yo me involucré un poco en la problemática de los derechos de las personas con discapacidad, Rosa María Gómez Saavedra, a la sazón Directora de Atención a Grupos Vulnerables del gobierno municipal de Zeferino Torreblanca--- primer presidente municipal independiente desde Juan R. Escudero---, me propuso darle el cuento a Citlali Guerrero, actriz y directora teatral, para que en el día internacional de las personas con discapacidad, presentara en el evento oficial una adaptación de La Rabia de Juan. Así lo hice y Citlali hizo una versión libre, diría yo, sobre mi cuento, bajo la forma de un monólogo poderoso que impactó a mas de tres.

El original de mi cuento se perdió en la inundación del huracán Pauline y así también el libro autografiado por Vizcaíno y Taibo, pero he leído algunos de sus libros: un libro de cuentos, un par de novelas policiacas, la biografía del Che Guevara que me conmovió tanto como asegura Taibo que lo estaban algunos de sus entrevistados, veteranos de la guerrilla cubana y africana, curtidos en la guerra, hablando a oscuras por los cortes eléctricos del período especial, pero llorando porque el Comandante no los llevó a Bolivia para morir a su lado. Tengo pendiente comprar el libro que escribió sobre Pancho Villa. Ya no escribo. Ahora soy solo lector.

Así que ayer, cuando buscaba en el área de lácteos de Walmart Costera las claras de huevo, que dicen son mejores que el huevo entero para hombres de mi edad, después de decirle a mi hija Cosette que tomara un bote específico, por aquello de la caducidad, me dí la vuelta y ví a Paco Ignacio Taibo II, muy quitado de la pena buscando algo en los refrigeradores.

No lo dudé.

--- ¡Señor Taibo!---, dije en voz alta, casi grité (¿por qué le habré dicho "señor Taibo" y hablado de "usted", si es bien sabido que es sencillísimo y accesible?).

Volteó de inmediato y, tal vez un poco sorprendido, sonrió y extendió la mano. Entre las cosas que recuerdo le dije fue que era un honor saludarlo de nuevo; que lo había conocido hace muchos años en una plática que dio sobre Juan R. Escudero; que me dió un autógrafo y que si no le molestaba tomarse una foto conmigo.

Respondió que no había problema y le presenté a mi hija, quien medio apantallada lo saludó de mano, y respondió a su pregunta que sí, que ella tomaría la foto.

Yo temblaba de emoción y la clave del teléfono nomás no se reflejaba en la punta de mi dedo vacilante. Al fin pude y Cosette tomó cuatro fotos (ahora que las veo pienso: Tantas playeras y camisas que tengo y tuve que llevar una maltratada en su estampado ¡Chihuahua!). Le agradecí la deferencia y se despidió de mano.

Cosette, ya lejos del lugar de los hechos, y desde luego sin las claras de huevo, estaba muy emocionada también. Ella lo conoce por la serie que hizo para History Channel "La Historia no Contada de México", así que en cierto modo para ella era algo así como ver a un rock star. Decidió: También quería una foto con él. "Pero tu lo abordarás y le pedirás cortésmente una foto, y te disculpas por molestarlo de nuevo, porque esas fotos debieron ser en una sola sesión, sin persecución de por medio", le dije. 

Lo buscamos en el área más probable de encontrar a un escritor: El área de libros, pero no estaba allí. Avanzamos al siguiente pasillo y lo vimos escogiendo películas. Ella, nerviosa y emocionada, se acercó con soltura y le pidió la foto. Esta vez fue un autoretrato.


viernes, 4 de mayo de 2012

A Juárez y los liberales.

¡Loor a Juárez, Benemérito de la Patria!

¡Loor a los liberales que sentaron las bases del Estado Mexicano!

¡Melchor Ocampo, Santos Degollado, Ignacio Manuel Altamirano, Porfirio Díaz, Mariano Escobedo, Ignacio Zaragoza, Leandro Valle, José María Iglesias, Sebastián Lerdo de Tejada, Valentín Gómez Farías, Ignacio Comonfort, Manuel Doblado, Ignacio Ramírez, Jesús González Ortega y tantos más que con su ejemplo y acción supieron construir Patria para los mexicanos!

¡Gloria y honor para aquellos hombres de excepción que supieron guiar a un pueblo ávido de encontrar su identidad!

¡Gloria eterna a los miles de mexicanos que dieron su vida para mantener la independencia y soberanía del país!

5 de mayo de 1862

Esta poesía le gustaba mucho a mi papá. Creo que es de Gregorio Torres Quintero y después de mucho buscarla, la encontré en una "versión de internet", es decir, sin puntuación cierta.


 

Era la aurora. El sol resplandecía

Rasgando los girones de la niebla

Y entre los rayos de la luz tendía

Surgen las torres de la heroica Puebla.


 

Escuchan ese redoble de tambores

El clarín rompe el aire con su acento

Los jardines suspenden sus olores

Y ni un pájaro cruza por el viento.


 

Se agitan con orgullo las banderas

Del campo se levanta un ronco grito

Se estremece el soldado en las trincheras

Se siente palpitar el infinito .


 

Algo grande y tremendo se prepara

Porque el cañón corona las alturas

Ya la opalina atmósfera se aclara

Y se tiñen de rojo las llanuras.


 

¡Ellos son, allá vienen!

¡Son los zuavos que deslizan su cuerpo entre las grietas

Avanzan sobre Puebla como bravos

Y brillan con el sol las bayonetas!


 

¡Qué momento de expectación, Dios mío!

¡Ahí la suerte de la Patria juega!

Se agita el corazón callado y frío

Porque el aliento de la muerte llega.


 

Y de repente la erizada cumbre del

Fuerte Guadalupe se ilumina

Brilló bramando la rojiza lumbre

Y estremeció sus flancos la colina.


 

El soldado francés, valiente y fiero

Por la falda subió con arrogancia

Lleva en su diestra el matador acero

Y en su pecho el recuerdo de la Francia.


 

Ocultó la humareda el panorama de

Aquella cruenta y gigantesca lucha

Y solo del cañón se ve la llama

Y solo el trueno retumbar se escucha.


 

¿Que sucede? ¿Habrá vencido el zuavo?

¿Habrá vencido el mexicano arrojo'

Huyó el francés irresistible y bravo

Dejando el campo ensangrentado y rojo.


 

Y al aclarar la niebla que arrebuja

A los fuertes cual capa mortuoria

La enseña mexicana se dibuja

Mecida por el viento de la gloria.


 

¡Saludo Patria! ¡Tu pujanza admiro!

Tu valor, tu nobleza y osadía

Tu cielo esplendoroso de zafiro

En donde brilla refulgente el día.


 

Con tus glorias mi pecho se avasalla

Y de placer mi corazón reboza

¡Mexicanos! ¡Que viva la batalla

En que triunfó el valiente Zaragoza!

lunes, 16 de enero de 2012

Peña Nieto en su jugo.

Este texto me llegó por correo electrónico. No sé si es auténtico. Solo lo subo para los efectos. mlf


 

ÁLVARO DELGADO

5 DE DICIEMBRE DE 2011
ANÁLISIS



MÉXICO, D.F. (apro).- "La verdad es que no me gusta leer", le confesó Enrique Peña Nieto a Manuel Espino cuando éste le regaló, en 2008, un ejemplar de su libro Señal de alerta, en el que describe el lado oscuro de Manlio Fabio Beltrones, rival de ambos. "Voy a pedirle a mis asesores que me hagan unas tarjetas con lo más importante".

Espino me compartió esta anécdota poco después de su encuentro con Peña Nieto, a quien yo había entrevistado para Proceso, en octubre de 2004, cuando se perfilaba para suceder a su tío Arturo Montiel, y su retórica tortuosa para evadir una definición pública de su ambición me hicieron decirle que era un político viejo a sus 38 años de edad.


–Habla usted como si tuviera 68, diputado –le dije, en el café Balmoral, del hotel Presidente, donde me citó.


–No, puede no convencerte, pero estoy convencido de esa disciplina partidaria, que ha sido una fortaleza de los priistas. No quiere decir que no se pueda, internamente, diferir. Se vale. Pero a final de cuentas debe imperar una disciplina partidaria. En la historia hay ejemplos: El Ejército y la iglesia.


Ahora que es víctima del escarnio por el ridículo que hizo en la presentación de su libro México, la gran esperanza, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) –peor aún que en la entrevista con Jorge Ramos cuando no recordó de qué había muerto su esposa y a cuánto asciende su patrimonio–, hay quienes critican a sus asesores por no haberlo preparado para una pregunta obvia, pero pienso distinto: Es positivo para los ciudadanos ver tal cual es a quien quiere gobernar México.


La descarnada ratificación de lo que Peña Nieto le confió a Espino es de extrema gravedad para México no porque en 2012 se dispute un concurso de erudición literaria, como algunos minimizan este episodio de vergüenza, sino porque la aversión al conocimiento que se adquiere a través de los libros, como es el caso del virtual candidato presidencial priista, exhibe lo que verdaderamente piensa de la educación.


No en balde los grandes proyectos educativos en México los protagonizaron intelectuales de la talla de Justo Sierra, José Vasconcelos, Jaime Torres Bodet, Agustín Yáñez, Gilberto Guevara Niebla y Jesús Reyes Heroles, mientras que la decadencia ha sido obra de personajes tan frívolos y corruptos como Vicente Fox y Elba Esther Gordillo, justamente mentora ésta de Peña Nieto.


La educación es, también, fuente de valores cívicos y morales que son clave para el desarrollo de una nación y, al contrario, al desdeñarse, sobreviene la ruptura del tejido social y se gestan fenómenos tan repugnantes como la corrupción, el crimen y la guerra.


Sólo la ausencia de ética o moral permiten que un gobernante corrupto como Montiel sea encubierto por su sobrino, Peña Nieto, y exactamente por lo mismo los priistas de la cúpula aclamaron a Humberto Moreira la renuncia a la presidencia de su partido sin exigirle cuentas por el monumental endeudamiento de más de 34 mil millones de pesos, la mitad al menos contratada de manera ilegal.


De manera que la ignorancia de Peña Nieto no es sólo un "error" libresco, como quiere hacer creer, sino una concepción de México y del mundo en el que los principios éticos están sometidos a la consecución de fines sin importar los medios.


La reacción de Paulina Peña Pretelini, hija de Peña Nieto, es también lamentablemente reveladora de una pobreza educativa. A través de la cuenta de Twitter de su novio envió, la medianoche del domingo, este mensaje: "Un saludo a toda la bola de pendejos, que sólo forman parte de la prole y sólo critican a quien envidian".


Se entiende que la joven tilde de "pendejos" a los críticos de su padre, ofuscada por la mofa que concitó el papelazo que hizo en la FIL –donde fue custodiado por Raúl y Trinidad Padilla, que controlan la Universidad de Guadalajara–, pero la expresión "prole" revela sobre todo un desprecio por los pobres.


Y como escribió José Emilio Pacheco en Las batallas en el desierto, si los indígenas no fueran al mismo tiempo pobres, nadie utilizaría la palabra indio como insulto.


Es obvio que la joven Peña Pretelini no usó la palabra "prole" en la acepción coloquial –"conjunto numeroso de personas que tienen algún tipo de relación entre sí"–, sino en el sentido discriminatorio: Proletarios, asalariados, pobres, jodidos.


Angélica Rivera, mujer de Peña Nieto, piensa lo mismo, pero va más allá, según sus propios mensajes en Twitter:


"Osea (sic) sí, el PRI fue corrupto y mentiroso, pero ya supérenlo, no sean resentidos. Carlos Salinas ha sido el mejor presidente de México, me consta". "No, los Zapatistas eran revoltosos que estaban poniendo en peligro la estabilidad de las empresas. Salinas hizo bien en mandarles al Ejército."


Y más de la actriz conocida como La Gaviota: "Osea (sic), yo creo que si los indios quieren salir de donde están que se pongan a trabajar y dejen de estar de flojos o violentos, como en Atenco". "Enrique no se arrepiente nada por lo que pasó en Atenco, la verdad se lo merecían, sólo perturban la paz de todos los que sí queremos trabajar". "Por eso dije que Salinas hizo bien cuando mando al Ejército a esos indios revoltosos, osea que se pongan a trabajar y amen a México también".


Es el mismo nivel de insulto que las actrices Azalia Ojeda y María Vanessa Polo Cajica, a quienes se conoce como las "Ladies de Polanco", profirieron a policías capitalinos que las reprendieron con insultos discriminatorios: "pinches asalariados de mierda".


El lenguaje de estas cuatro mexicanas es usual en el mundillo de la farándula auspiciada por Televisa y copiada, tal cual, por Televisión Azteca y demás remedos televisivos, y es el que, ante el desdén del Estado en su deber formativo, se imparte a los millones de mexicanos.


Por esa misma razón, Televisa y todo el amasijo mediático que lubricaron los multimillonarios contratos con el erario del Estado de México callan o disimulan la ignorancia de Peña Nieto, un personaje que, ni modo, puede llegar a gobernar este país.


En 2006, Andrés Manuel López Obrador cometió el error de emplear una expresión desafortunada para exigirle a Fox no entrometerse en el proceso electoral –"cállate, chachalaca"–, y ahora Peña Nieto ha sentido el rigor de Twitter, en el que, por primera vez, se librará también la disputa presidencial.


Y es preciso recordar a Jesús Reyes Heroles: "En política únicamente se comete un error. Todo lo demás es consecuencia…"


Apuntes


Por cierto, la asesora de Peña Nieto en redes sociales es Alejandra Lagunes Soto Ruiz, exgerente de ventas de Google México y exdirectora general comercial de Televisa Interactive Media. Pero, además, es esposa de Rafael Pacchiano Alamán, diputado federal del Partido Verde y miembro de la "telebancada" controlada por Televisa.