jueves, 12 de noviembre de 2009

Sistema educativo finlandés

Encontré este texto del periódico español El Mundo:


REPORTAJE.- LA ESCUELA EN FINLANDIA
Buenos profesores, familias comprometidas y una sólida inversión logran la educación más eficaz del mundo en el país nórdico
Carmen Morán. - 19-12-2004 (Enviada especial) - Helsinki
Finlandia da la nota
El sistema educativo finlandés es público y gratuito desde que un niño nace hasta que hace el doctorado en la universidad.

A las ocho de la mañana Marku Keijonen entra en la escuela. Tiene 42 años y es el director del colegio Porolahden Perus, de Helsinki. La primera actividad del día es encender el ordenador. "No es algo baladí, al abrir mi correo encuentro las cartas de los padres de alumnos que tengo que contestar". Las familias están en contacto permanente con el centro y es a los padres a quien debe rendir cuentas de su trabajo el colegio en primer lugar.

Finlandia. A este país de noches blancas y tinieblas eternas, según la estación que toque (ahora anochece a las cuatro de la tarde), las estadísticas le sonríen. El Forum Económico Mundial dice que tiene la economía más competitiva del mundo; es el país de la Europa de los Quince con una mayor difusión de periódicos por habitante (430 por cada 1.000); notable tasa de fecundidad, 1,7 hijos por mujer (la media de la UE es 1,4). Pero quizá son los resultados escolares de sus alumnos los que más alegrías les han dado en los últimos tiempos. El informe PISA 2003, que mide el rendimiento educativo de los países de la OCDE, se publicó hace un par de semanas y de nuevo coloca a Finlandia como el país ejemplar: son los primeros en matemáticas, en comprensión de la escritura y en cultura científica (con Japón).

Los profesores no saben muy bien el porqué de estos datos. Se invierte un 5,8% del PIB en educación, pero otros también lo hacen; su clima endiablado deja a los niños en casa al abrigo de los libros, pero en Islandia o en Dinamarca calor no hace; en sus aulas tienen los niveles de inmigración más bajos de la OCDE. Pero todas estas cosas no explican por sí solas el éxito repetido. Los profesores, y la misma ministra de Educación, Tuula Haatainen, lo atribuyen en gran medida a la sólida formación de los docentes y a un marco educativo muy claro. "Tenemos un sistema uniforme, obligatorio y gratuito que garantiza la equidad y el acceso para todos; el personal docente está altamente cualificado y las madres, incorporadas al sistema laboral, son las primeras en motivar a sus hijos para que estudien", resume la ministra.

El sistema educativo finlandés es público y gratuito desde que un niño nace hasta que hace el doctorado en la universidad. Pero además es obligatorio de los siete a los 16 años. En esta etapa todos estudian lo mismo y el Gobierno pretende además que lo hagan en el mismo edificio, o lo más cerca posible, para garantizar un seguimiento continuado del alumno. En ello están.

El Estado marca un 75% de enseñanzas comunes y el resto lo organiza el colegio con la participación activa de estudiantes y familias. La libertad para diseñar el día a día escolar es amplia, por tanto, no es fácil hablar del sistema de forma general. Pero hay algunos aspectos comunes. La formación de los profesores es uno de ellos. Todos tienen que pasar cinco años de carrera, un tercio de la cual será de contenido pedagógico. "No basta con saber matemáticas", dicen. Y la mayoría, como recuerda la ministra, tiene un año más de estudios, un máster.

Los profesores creen que su salario podría ser algo más elevado que los aproximadamente 2.300 euros brutos al mes; sin embargo, están contentos con las 13 semanas largas de vacaciones al año (los españoles tienen algo más de 16). La jornada semanal es de 37 horas aunque no todas sean de enseñanza en clase. Si se les pregunta, no dudan: son maestros por vocación y están motivados. Quizá porque gozan de valoración social y prestigio entre sus compatriotas "Por lo general contamos con la confianza de los padres, aunque eso va decayendo", presagia Tuula Tapaninen, la orientadora del colegio Porolahden Perus.

Al otro lado de Helsinki, la rectora del colegio Alppila, Aulikki Kalalahti, señala otro dato que explica la motivación de los maestros: "Tienen libertad para trabajar con los alumnos y ven que consiguen éxitos con ellos".

Codo con codo

Los profesores trabajan codo con codo con las familias, con las que mantienen una relación fluida. En enero el colegio Alppila organiza sus jornadas de presentación, a las que acuden los padres para conocer su método de trabajo. Si les gusta podrán optar libremente por matricular allí a sus hijos. Los padres pueden elegir el centro pero suelen quedarse en el más cercano. El Alppila mantiene con el centro de primaria que le corresponde por cercanía una estrecha sintonía que favorece el seguimiento de los alumnos hasta el final de la etapa obligatoria.

El 50% de los niños que se matriculan de los 13 a los 16 años en el colegio vienen de su centro adscrito, pero la otra mitad procede de cualquier rincón de Helsinki. El colegio se ha ganado una buena fama en comunicación y expresión. Es un ejemplo de un fenómeno reciente en la educación de la ciudad, la especialización de algunos centros en música, matemáticas, deportes... Cuando un alumno destaca en alguna de estas disciplinas los padres tratan de matricularlos en ellos, aunque algunos centros imponen un test para evaluar las habilidades del aspirante. Si hay plazas, estarán dentro.

La oferta y la demanda se distribuyen por ahora razonablemente entre todos los colegios de Helsinki, aunque el ayuntamiento ha eliminado (salvo excepciones) las becas de transporte para los niños que se trasladan por voluntad propia a centros alejados de sus casas.

Cuando las familias se acerquen a conocer el Alppila, la rectora les explicará que han recibido algún premio por cumplir fielmente con su programa: los profesores se propusieron trabajar en equipo, bien coordinados, y lo lograron con creces. La Administración les extendió un cheque de 28.000 euros. Se fueron de vacaciones a Hungría y se dieron una buena cena de Navidad. Eso fue el año pasado.

Cuando las cosas pintan peor, los profesionales del centro se prodigan en apoyos académicos y sociales para los alumnos. El número de estudiantes por clase ronda la veintena, pero si hay problemas académicos los sacan en grupos de 10 y les ponen al día. ¿Y si hay que repetir curso? "Será en los primeros años de primaria, cuanto antes", dice la rectora.

Ese es el principal reto que señalan los docentes: poder sacar a todos los alumnos adelante, vengan de donde vengan. Por eso, en cuanto atisban un problema ponen en marcha sus muchos mecanismos de prevención.

Si la cosa se complica, la Administración (local o nacional) se rasca de nuevo el bolsillo. El colegio está enclavado en un barrio con problemas sociales y ya de partida recibe más presupuesto que otros. "El año pasado tuvimos un problema y el municipio de Helsinki nos concedió 18.000 euros que se recibieron pronto". Con ese presupuesto la rectora contrató un profesor por horas que ayudó a los rezagados a hacer los deberes, entre otras cosas.

En Finlandia los centros tienen buenas instalaciones y equipamientos, pero también se percibe cierta austeridad. Una simple cartulina con papelitos pegados sirve a la rectora del Alppila para dejar constancia escrita de los propósitos educativos del curso. Y los cumplen.

Los alumnos también responden. Hacen sus deberes, que no son pocos, y no se quejan. Pero no son adolescentes de comportamiento angelical. Son como todos, y entre ellos empieza a cundir el desánimo, como señala el rector del centro Porolahden Perus. El alcohol es una de las grandes preocupaciones de este país, se bebe mucho y como con embudo. Y el desempleo alcanza ya el 9%. Por ahora, cerca de un 60% de los alumnos sigue al bachillerato camino de la universidad y el resto se matricula en formación profesional. Es difícil encontrar a alguien que acabe sin su título.

Los finlandeses tienen un sistema educativo libre que rueda con fluidez, buenos maestros, familias que participan y dinero para afrontar las dificultades. Y una voluntad férrea para cumplir con el deber. El 85% de los finlandeses son luteranos (poco practicantes). ¿Puede el espíritu de Lutero ("Siempre pecador, siempre justo y siempre penitente") inculcar esa suerte de responsabilidad personal en el carácter de maestros y alumnos? "Es posible", dice con seriedad el director del instituto Porolahden Perus. "Es la responsabilidad de que hay que cumplir. Pero eso tiene su lado malo: los profesores a veces se exigen tanto, que llegan a enfermar".

14 años de rector

A los directores de colegios en Finlandia los elige la Administración. A Marku Keijonen, de 42 años) lo designó el Consejo de Educación de Helsinki y lleva ya 14 años ejerciendo como rector (así les llaman), los últimos cinco en el centro Porolahden Perus. Hay funcionarios públicos con formación pedagógica y representantes políticos. Ellos eligen a los rectores.

Para llegar al cargo se necesita una titulación de profesor y algunos años de experiencia como subdirector. El elegido se encargará de designar a dos subdirectores. "Los rectores estamos muy bien pagados, muy por encima del salario de un profesor, un promedio de 4.500 euros", detalla Keijonen. Pero el trabajo del rector es tal que no son muchos los que guardan cola en la puerta, explica. "Hay que llevar la economía del centro, el manejo de los recursos humanos y el cuidado de los niños; algunos incluso dan clase".

No requieren formación específica para la gestión. Su tarea es "prevenir los conflictos, hablar con padres, alumnos, profesores". "¿Si un profesor suspende a 15 de 20 alumnos? Lo primero que tiene que hacer es mirarse al espejo. Si suspenden cinco, el profesor ha de buscar las razones".

Disciplina y problemas académicos

La conflictos en clase no son frecuentes en Finlandia, porque prefieren prevenir a curar. "A los cuatro años ya se detectan los problemas", afirma la directora del centro Alppila, Aulikki Kalalahti. Pero cuando la falta de disciplina llega al aula un grupo de profesionales se pone manos a la obra. El profesor es el que da la voz de alarma. En el centro cuentan con un trabajador social, un médico, un enfermero, y un alumno elegido por sus compañeros que recibe algunas clases para tratar conflictos. El tutor también se encarga a pleno rendimiento de estos asuntos con la colaboración de la familia. Entre todos tratan de zanjar el problema antes de que vaya a más.

En el colegio Alppila los alumnos se comprometen cada año a seguir unas reglas de juego que ellos mismos redactan y negocian con sus profesores. Eso les sirve para mantener el orden.

Si la carencia del alumno en cuestión es académica, los propios profesores redoblan su jornada para darle clases de apoyo. Si hay varios rezagados se los saca de la clase y reciben apoyo extra en grupos de 10, como mucho.

También hay alumnos encargados de prestar apoyo académico a los compañeros que flojean en alguna materia.

Heidi de Laponia

El norte de Finlandia es el territorio de las nieves y los renos, con una población que no supera las 13 personas por kilómetro cuadrado. Allí nació Heidi Nuorgam hace 26 años. Y allí fue a la escuela, en un pueblecillo de 200 habitantes, Utsjoki. Para ir al instituto viajaba cada día a un pueblo más grande y no recuerda que los chicos de ciudad supieran más que ella. Cursó estudios de Hostelería en la capital de Laponia, Rovaniemi.

Recuerda los renos de su abuelo y las botas típicas de andar por la nieve. Y a su madre animándola a estudiar. Entonces su madre trabajaba en una guardería y ahora en un restaurante, como ella en Helsinki.

Heidi habla finés, y entiende el sueco, como muchos jóvenes de Finlandia (es lengua cooficial y se estudia en el colegio). Pero también habla inglés y un español con acento canario. Estuvo en las islas trabajando algún tiempo. De chica le gustaba la historia y la religión (en Finlandia se estudia la religión de cada alumno y ética para el resto).

Tanto Heidi como su madre piensan estudiar algo más. "No quiero trabajar siempre de camarera". "Siento que la educación es importante y útil. Puedes decir que tienes educación. Eso es un orgullo".

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Éste es el secreto de los colegios en Finlandia
Por Juho Rissanen .- El Mundo.- 12/12/04
Para dar clases se exige una titulación universitaria de carácter superior. Un maestro de Primaria requiere seis años de carrera en la Universidad»

Jenni, de 15 años, tiene una media de siete horas lectivas al día. En su clase están juntos los buenos y los malos estudiantes, aunque lo habitual es que el nivel sea muy similar. Se ha beneficiado de un plan del 96 para mejorar en Matemáticas y Ciencias. La enseñanza, el material y la comida son gratuitos. Y el profesor está supermotivado.
Vamos, sacúdele, pégale una patada en el culo!». La voz del chiquillo suena, desde luego, inquietante. En el patio del colegio Ressu, en Helsinki, un grupo de colegiales se ha arremolinado en torno a él.

Nadie está machacando a nadie, sin embargo. No hay empujones ni golpes reales y ningún chico se está peleando. Lo único que hacen es entretenerse con el nuevo juego de sus móviles Nokia antes de que comiencen las clases.

No se diferencia demasiado de otras mañanas en cualquier colegio finlandés. A las puertas ya del invierno, aún no ha amanecido del todo cuando los críos se disponen a entrar, a las ocho de la mañana. Tampoco verán el sol cuando vuelvan a casa, a las cuatro de la tarde.

Llega la hora y los chavales suben apresurados las escaleras que conducen a las aulas. Una vez en ellas, se quitan los abrigos, desconectan las melodías de sus móviles, los guardan en sus mochilas y se disponen a recibir clase en el mejor sistema educativo del mundo. Así, al menos, lo acaba de determinar la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) después de examinar durante seis horas y media a 250.000 estudiantes de 15 años en 40 países. Finlandia obtuvo la mejor puntuación en las tres categorías que se evaluaron, Lectura, Matemáticas y Ciencias.

España, 12 puntos por debajo de la media de países de la OCDE, quedó en el puesto 24, superada por Polonia, República Checa, Irlanda, Hungría...

Los 20 alumnos llenan enseguida la pequeña clase. Los chicos se sientan detrás y las chicas en los pupitres delanteros. Entre ellas, Jenni Sinkonnen, de 15 años, alumna de 9º curso, el último de la Enseñanza Obligatoria, en Ressu. Vestida con un suéter negro y unos vaqueros, y con el pelo recogido en una coleta, podría pasar por típica estudiante de cualquier lugar de Europa más al norte de Bélgica.

«Todavía no me lo puedo creer», explica con tranquilidad. Los resultados han sido una gran sorpresa para nosotros, los alumnos».Agrada lo bien que se expresa la adolescente.

Muy probablemente habrá leído algo en el periódico. Tres de cada cuatro niños finlandeses de 15 años aseguran leer por placer todos los días y, a diferencia de otros chavales europeos, prefieren los periódicos, las revistas y los cómics a las obras de ficción.

Los finlandeses son conocidos por su modestia y Jenni no puede evitar ruborizarse mientras habla, pero sigue exponiendo con bastante coherencia las que ella cree que son las razones del éxito finlandés. «No nos consideramos superestudiantes. Nos limitamos a hacer los deberes y a estudiar para los exámenes. Si algún compañero se siente cansado y no tiene ganas de seguir todos los demás le animamos y tratamos de ayudarle».

En su lúcida candidez, Jenni acaba de dar una de las claves del sistema. Y es que por encima de los espectaculares resultados, lo que los expertos de la OCDE y de otros países han resaltado de las conclusiones del informe es la equidad del sistema finlandés.La diferencia de puntuación es muy escasa entre los mejores y los peores alumnos del país nórdico. Y los resultados de éstos últimos son bastante satisfactorios en relación con la media de los de la OCDE.

«Uno de los aspectos más importantes del sistema es que los profesores se aseguran de que ningún alumno se quede atrasado». Mientras Jenni atiende a las lecciones de su profesor de Matemáticas en clase, como ella en jersey y vaqueros -es casi imposible ver una corbata o un vestido en un instituto finlandés-, Erja Hoven se explaya orgullosa sobre Educación en el despacho de dirección de Ressu.

«No dividimos a los alumnos entre los que van mejor y los que necesitan más tiempo», prosigue. «Aquí todo el mundo es igual.No hay repetidores. No dejamos que ninguno se quede atrás. Si se nos presenta un problema con algún estudiante, lo tratamos inmediatamente con los demás profesores, sus padres, el director del colegio y un psicólogo».

Pero la atención a la diversidad y la confianza ciega en los sistemas comprensivos frente a los selectivos -esto es, en los sistemas que no separan a los alumnos en función de sus capacidades- no son las únicas claves del éxito finlandés.

HASTA LOS LAPICES GRATIS

Todos los días, después de haber dormido nueve horas, Jenni se levanta algo después de las 6 de la mañana en su casa de Malminkartano, un suburbio de Helsinki. Desayuna unas tostadas, se viste y se maquilla ligeramente y coge un tren que 45 minutos más tarde le deja en el centro de la capital, donde se encuentra Ressu.

Con 350 alumnos de entre 7 y 16 años, Ressu es una escuela mediana de las más de 4.300 de Enseñanza Básica del país. Las hay de hasta 900 alumnos, pero también de nada más que 10 en las zonas rurales. Hasta el 9º curso, el que estudia ella, la educación es obligatoria en el país báltico.

Hasta hace dos años, Jenni estudió al lado de casa, en el colegio de Malminkartano, pero en octavo decidió cambiarse siguiendo a unas amigas que cambiaron de casa y, consecuentemente, de escuela.Aunque los padres pueden elegir con casi total libertad el colegio de sus hijos, lo habitual es que acaben estudiando en el más cercano a casa, en parte porque, como acaba de demostrar el informe de la OCDE, apenas hay diferencias entre centros.

Ni en Malminkartano ni en Helsinki tuvo que pagar nada. La enseñanza obligatoria es absolutamente gratuita en Finlandia y el Estado paga no sólo los salarios de los profesores sino todo tipo de material escolar, desde los libros hasta el último lápiz.

Si el alumno vive a más de cinco kilómetros, el centro tiene que garantizar su transporte. Además, todos los alumnos reciben una comida caliente todos los días al mediodía que garantiza su buena alimentación, una medida que ha permanecido inalterable desde hace 50 años.

«De esa forma», comenta Hoven, que además de directora es profesora de Física, «Los alumnos y sus padres se muestran más receptivos hacia la enseñanza. Incluso hoy día hay algunos chavales de familias pobres que hacen su única comida caliente del día en la escuela».

Hoy hay pescado, patatas, ensalada, leche y pan en Ressu. A menudo, Jenni y sus amigas critican la comida de la escuela, pero se la comen con hambre.

«La verdad es que no pensamos mucho en ello», dice la niña, «pero nos damos cuenta de que somos muy afortunadas por disfrutar de un sistema en el que todo está pagado y no hay tasas». El Estado financia incluso los escasos colegios privados que existen. Universidades hay 20 -en un país de cinco millones de habitantes-, todas ellas públicas.

¿Una carga demasiado onerosa? No del todo. Finlandia invirtió en 2001 el 5,8% de su PIB en Educación. Es más que lo que invirtió España (4,9%), pero apenas dos décimas más que la media de los países desarrollados.

«Los resultados demuestran que el gasto por alumno tiene cierta relación con el rendimiento, pero no garantiza unos buenos resultados», explica Andreas Schleicher, jefe de la División de Análisis de Indicadores Educativos de la OCDE y uno de los coordinadores del reciente informe. «Austria, Corea, Finlandia o los Países Bajos han invertido bien su dinero, pero países que invierten mucho por alumno, como Italia o EEUU han quedado por debajo de la media». No se trata tanto de gastar más en Educación (que también) como de gastar mejor.

CUATRO IDIOMAS

«Tenemos unas siete u ocho horas de clase al día». Jenni aprovecha uno de los descansos de 15 minutos entre clase y clase para seguir contando cómo pasa un día de colegio. Desde hace dos años puede elegir algunas de las asignaturas que quiere estudiar, entre ellas Inglés y Francés. Ha cogido las dos. Además, estudia sueco obligatoriamente desde 3º. El sueco es la segunda lengua oficial de Finlandia, el idioma materno de cerca del 6% de la población.

Si quisiera, Jenni podría estudiar una cuarta lengua extranjera, alemán o ruso. Entre las asignaturas que también ha dejado de lado, están las manualidades y Economía del Hogar, pero no ha podido esquivar la Informática.

«Los ordenadores e Internet se han convertido en herramientas de uso diario en nuestras aulas. Enseñamos a los niños a manejarlos desde que tienen 7 años, desde el primer curso», asegura la directora Hoven.

En 1996 las autoridades educativas pusieron en marcha el programa LUMA, siglas de luonnontieteet ja matematiikka (Ciencias y Matemáticas, en finés). El objetivo era mejorar los resultados de los alumnos de todos los niveles en esas dos asignaturas. Para ello se formó a los profesores, se organizaron enseñanzas de carácter mucho más práctico y experimental y se invirtió mucho dinero en modernizar los laboratorios de los colegios e institutos y en adquirir ordenadores y programas informáticos.

LA PIEDRA ANGULAR

Pero desde el experto Schleicher hasta el último padre de los 500.000 estudiantes de Enseñanza Básica finlandeses están convencidos de que la piedra angular del éxito finlandés son los profesores.Hasta los alumnos lo reconocen. Jenni: «Se ve enseguida que un profesor está motivado cuando te anima a estudiar y siempre parece feliz. Ah, y no nos manda muchos deberes».

Su directora también cree que es la buena formación de los profesores finlandeses lo que explica los excelentes resultados. «Aquí los profesores están mejor preparados que en muchos otros países. Para dar clases se exige una titulación universitaria de carácter superior. Ser sólo un maestro de Primaria requiere seis años de carrera en la Universidad», enfatiza Hoven, con 21 años de experiencia.

El número total de profesores de Enseñanza Obligatoria ronda los 40.000. La proporción aproximada de alumnos por profesor en 2002 era de unos 14, más o menos la misma que en España y la media de los países desarrollados.

Lo que diferencia a los profesores finlandeses es que, como apunta el profesor Jouni Välijärvi, de la Universidad de Jyväskylä -hacia el centro del país- y coordinador del estudio de la OCDE en Finlandia en 2000, su formación está dirigida a que, además de perfectos conocedores de la materia que imparten, sean «auténticos expertos en Pedagogía». De ahí lo extenso que resulta su paso por la Universidad.

«En la cultura finlandesa, el profesor es visto como uno de los profesionales más importantes de la sociedad», continúa Välijärvi; «en consecuencia, se han invertido muchos recursos en la formación de maestros».

Los profesores, sin embargo, creen que a pesar de este reconocimiento cobran poco. «Es muy triste que tengamos unos sueldos tan bajos», se lamenta Hoven. «La paga depende del tiempo que el profesor lleve trabajando. Uno joven recién llegado al colegio puede ganar unos 1.600 euros brutos. Con los años puede llegar a ganar unos 2.400. Todo el mundo opina que es muy poco».

La OCDE da unas cifras un poco más altas, algo más de 26.000 euros brutos anuales para un recién llegado, más o menos el equivalente a la renta per capita del país (26.478 dólares, en 2002).

A pesar de ello, muchos jóvenes aspiran a convertirse en profesores.Y ello redunda en la calidad del sistema. Las universidades que ofrecen titulaciones de profesor sólo pueden aceptar al 15% de los alumnos que solicitan matricularse cada año. El 85% restante queda fuera. La selección es brutal y se garantiza que sólo los más brillantes terminan por acceder a las facultades.

20 AÑOS DE UNIVERSIDAD

Cuando acaban las clases, Jenni dedica media hora a hacer los deberes. Después, va a clases de ballet cuatro días a la semana o sale un rato con sus amigas. Casi nunca ve la televisión y lo más normal es que a las nueve de la noche ya esté en la cama.

Si sale con sus amigas no charlan de chicos o de música pop.O no sólo. Sorprendentemente, pasa buena parte de su tiempo libre discutiendo sobre los deberes. «Nos juntamos en el centro comercial y vamos a ver una peli, pero acabamos tratando de arreglar los deberes o hablando del próximo examen. Si alguna de nosotras no ha tenido tiempo de estudiar suficiente o hay algo que no entiende, las demás se lo explicamos. Cuidamos una de otra».

La chica está muy motivada con sus estudios porque tiene bastante claro lo que quiere. Como la mayoría de sus amigos, el otoño que viene seguirá estudiando. Empezará los tres años de Educación Secundaria Superior, la etapa en que la escolarización deja de ser obligatoria en Finlandia.

Se graduará con 19 años y tratará de acceder a la Universidad.El 71% de estudiantes finlandeses llega a la Universidad. Desde hace años sueña con estudiar Medicina. «Me gustaría ser doctora, ayudar a la gente».

Tanto la Secundaria Superior como la Universidad son gratuitas en Finlandia. Si aprueba los exámenes de acceso uno puede estudiar durante 20 años si le da la gana, aunque la mayoría de universitarios no pasan más de siete (tampoco menos de cinco).

Otro de los descansos entre clases está a punto de acabar. Con briosa energía, Jenni coge su mochila y revisa una vez más si le han mandado algún mensaje al móvil. Le toca volver a clase en el sistema educativo más eficaz del mundo.

JENNI SINKONEN

Tiene 15 años y estudia 9º curso, el último de la Enseñanza Obligatoria del sistema finlandés, en el colegio Ressu de Helsinki.l

Cuando acabe este curso habrá sobrellevado una carga lectiva de 6.126 horas de clase desde los siete años.

Al final de su periodo de escolarización obligatoria el Estado finalndés habrá invertido en su formación 40.866 euros.

Se graduará de Secundaria Superior con 19 años y estudiará Medicina. El 71% de alumnos finlandeses acaba ingresando en la Universidad.

Pasa unas siete horas en clase y necesita alrededor de media hora diaria para hacer sus deberes.

Además de su lengua natal estudia sueco, inglés y francés. Tiene además la posibilidad de estudiar un cuarto idioma, alemán o ruso.

Fuera de horas lectivas practica ballet cuatro días a la semana.
ELENA BARTOLOMÉ

Tiene 15 años y estudia 4º de Enseñanza Secundaria Obligatoria (ESO), el último de escolarización forzosa del sistema español en el Instituto Juan de Mairena de San Sebastián de los Reyes (Madrid).

Cuando acabe este curso habrá sobrellevado una carga lectiva de 7.731 horas de clase desde los siete años.

Al final de su escolarización obligatoria el Estado español habrá invertido en ella 35.155 euros.

Se graduará de Bachillerato con 17 años y estudiará Periodismo. El 50% de alumnos españoles acaba ingresando en la Universidad (un 19% más realiza otro tipo de estudios superiores.

Pasa unas siete horas en clase y necesita hasta dos horas diarias para hacer sus deberes.

Además de su lengua natal estudia inglés y francés como optativa.

Fuera de horas lectivas estudia inglés y practica aerobic.

ERJA HOVEN

Tiene 47 años (21 de profesora). Enseña Física y es directora del colegio Ressu de Helsinki.

Imparte clases a grupos de entre 21 y 26 alumnos.

Cobra aproximadamente 3.400 euros (brutos).Según la OCDE, el salario en Finlandia de un profesor de Secundaria es de 30.575 euros anuales al empezar, 36.625 euros tras 15 años y 38.325 euros al final de su carrera.

El 71,4% de profesores de Secundaria Obligatoria son mujeres frente al 46% en la Enseñanza Superior.

Una demanda: «Es muy triste que tengamos unos sueldos tan bajos. Todo el mundo opina que ganamos muy poco».
ANGELES GONZALEZ

Tiene 46 años (22 de profesora). Enseña Biología y Geología en el Instituto Juan de Mairena de San Sebastián de los Reyes (Madrid).

Imparte clases a grupos de entre 17 y 25 alumnos.

Cobra aproximadamente 1.800 euros. Según la OCDE, el salario en España de un profesor de Secundaria es de 23.562 euros anuales al empezar, 27.580 euros tras 15 años y 34.322 euros al final de su carrera.

El 59,8% de profesores de ESO son mujeres frente al 35,2% en la Enseñanza Superior.

Una demanda: «Los profesores estamos hartos de leyes de Educación. Queremos un pacto de Estado que siente las base de qué y cómo tenemos que hacer consensuado por todos los sectores sociales».



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EL PAÍS - 16-12-2004
El cielo y Finlandia
Joan Subirats es catedrático de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Tras publicarse el Informe PISA de la OCDE, hemos atravesado unos cuantos días de autoflagelación en relación con la situación de nuestro sistema educativo. Los diversos protagonistas de la historia no se acaban de poner de acuerdo sobre las responsabilidades de cada quien en el aparente desaguisado final. Y tampoco son frecuentes las resoluciones sobre qué deberíamos hacer. Unos dicen que el problema son las familias, que no hacen lo que deberían. Otros dicen que los profesores están desanimados o que no saben cómo adaptar los tradicionales métodos educativos a la nueva realidad social. Bastantes profesores y diversos comentaristas aluden, en proporciones variables, a la pérdida de la "cultura del esfuerzo", la falta de referentes, los déficit de autoridad, o la confusión generada por el doctrinarismo integrador de la LOGSE, que no permite diferenciar entre buenos y malos estudiantes. Todos coinciden en señalar que si la Administración incrementara sus recursos todo iría mejor.

Y mientras, en el panorama de las buenas prácticas (manera contemporánea de referirse a las historias ejemplares de antaño), nos aparecen Finlandia, Corea o Japón como los países que mejores resultados educativos consiguen. En momentos como los actuales, de malas noticias, confusión y de nuevo cambio normativo, es bueno tener modelos a los que echar mano para copiar aquello que sea copiable. El problema de los ejemplos de referencia es que te gustan partes del mismo, pero no quieres copiar ni en pintura otros aspectos del modelo que te parecen francamente evitables. ¿Me pregunto cuánta gente quisiera acercarse al modelo educativo finlandés o coreano si ello implicara asumir todos los aspectos no estrictamente educativos que probablemente son determinantes para explicar el buen rendimiento académico de sus estudiantes? No creo que, por ejemplo, las tasas de suicidio especialmente entre jóvenes adolescentes de los tres países mencionados sean algo a lo que queramos acercarnos. Me cuesta imaginar que las pautas culturales que aún predominan en las relaciones hombre-mujer en Corea o Japón o los modelos de autoridad familiar aún vigentes en esos países sean directamente exportables. Es evidente que no podemos hablar de educación sin hablar de sociedad. A la pregunta de ¿qué educación queremos?, deberíamos anteponer la de ¿qué sociedad queremos?

Si lo que queremos es una sociedad que se oriente a la cohesión social, a la reducción de las desigualdades, al fortalecimiento de la autonomía individual en un contexto de solidaridad e implicación social, que reconozca la diversidad en sus múltiples facetas, y la dignidad de todos las personas que la componen, entonces necesitamos complementar el Informe PISA con otros indicadores que nos ayuden a ver si vamos bien o vamos mal. En este sentido no me parece mal que hablemos de Finlandia como referente, no sólo educativo, sino también social. Y de hecho en ese país no creo que nadie dude de la imposibilidad de separar educación de democracia, educación de sociedad, o educación de equidad. Los principios de la educación finlandesa son claros: igualdad de oportunidades educativas para todos sin distinción alguna; no separación de sexos; gratuidad absoluta; ninguna separación por niveles en ningún eslabón educativo; gran peso de los gobiernos locales en la gestión educativa; fuerte proceso de cooperación entre niveles educativos y otros agentes sociales; apoyo individualizado educativo y social a los alumnos con dificultades de aprendizaje; una evaluación pensada en términos de desarrollo personal, que no incluye ni clasificaciones de alumnos, ni tests para seleccionar; profesores con gran autonomía (pero también gran responsabilidad) y permanentemente en formación; y una aproximación socioconstructivista a la tarea de enseñar (véase www.edu.fi). Los alumnos están de los 6 a los 16 años en la misma escuela. Las escuelas primarias son propiedad y responsabilidad de los municipios en un 99%. Las escuelas secundarias también lo son en un 91%. La educación especial y la formación profesional está también en manos de los municipios o de la federación de municipios en un 78%. Las cosas que he leído estos días de la educación finlandesa no muestran un sistema sin problemas. Allí también es difícil mantener la atención por igual de alumnos muy diversos. También allí tienen la sensación de que les faltan recursos. Y es habitual que los problemas de las familias, del trabajo, del barrio, atraviesen las puertas y ventanas de los centros y generen dificultades en las aulas.

Las ventajas esenciales de Finlandia derivan de su tamaño (seis millones), de su descentralización política, de que la distancia entre ricos y pobres no es muy significativa, de que los problemas no son vistos como una desgracia sino como señales a las que anticiparse si es posible o buscar soluciones colectivas, y sobre todo derivan de un país que ha entendido que la mejora de educación no es un problema exclusivo de las autoridades, sino de toda la sociedad. La declaración de la Federación de Movimientos de Renovación Pedagógica de Cataluña sobre el Informe PISA afirma algo que comparto plenamente: "Si buscamos la experiencia de países cercanos que de manera sostenida sacan buenos resultados en este tipo de estudios, veremos que la inversión en educación es más alta que la nuestra desde hace décadas, que las políticas de atención a la infancia ponen a disposición de las familias muchos servicios básicos gratuitos; que la descentralización de las competencias educativas es un hecho... y que no se trata de manera diferente a los alumnos brillantes que a los que tienen más dificultades...". Y ya que en este último aspecto no vamos tan mal en Cataluña como podría parecer, insistamos en esa línea y reforzemos y mejoremos en todo lo demás. Finlandia no es el cielo ni probablemente un modelo al que seguir ciegamente, pero muestra una razonable forma de construir una sociedad más justa y cohesionada. Nada más y nada menos.

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