lunes, 30 de mayo de 2016

Mis dos encuentros con Paco Ignacio Taibo II

Estaría yo en primer año de la universidad cuando asistí a un evento en el que participaron Paco Ignacio Taibo II y Rogelio Vizcaíno. Hablaron del prócer acapulqueño Juan R. Escudero, de quien yo no sabía sino que en el centro de la ciudad existe una calle con su nombre.

Le pedí un autógrafo a ambos y unos días después me compré su libro, escrito a la limón, como los grandes toreros (Socialismo en un Solo Puerto). Recuerdo que recorté los autógrafos y los pegué en la primera hoja del libro.

Meses después, por instancia de Jaime Cardoso y con la participación de Aurelio Peláez Maya, entre otros, que nos habíamos constituído en la intelligentsia de la Escuela de Ciencias Sociales de la Universidad Autónoma de Guerrero, organizamos un concurso de cuento. Yo participé con un cuento que recreaba las primeras horas de Juan después de haber sido ejecutado con un tiro de gracia por los milicos al servicio de la gran burguesía hispana (todavía en los albores de los años 1920 eran los dueños de Acapulco y sus relaciones comerciales con el exterior, entendiendo por exterior todo lo que no era Acapulco, pues geográfica y políticamente el puerto era una ínsula, aislada de todo lo que sucedía en el resto del país: Por ejemplo, en esos años no se celebraba la independencia, sino a la Virgen de los Remedios, creo, que era la patrona de los gachupines). Sus dolores, delirios, la sorpresa por haber quedado paralizado medio cuerpo y todo lo que implicó que un hombre en la plenitud de su vida, hubiera quedado baldado físicamente, pero intelectualmente apto para la lucha política. Esa fue la temática del bendito cuento que escribí.

En fin, el concurso se llevó a cabo y yo gané el primer lugar con un cuento que Aurelio y Jaime insistieron que debía llamarse "La Rabia de Juan". El Rector de la Universidad tuvo el honor de entregarme mi constancia de ganador y el cuento sufrió el sueño de los justos hasta que alrededor de doce o quince años después, cuando yo me involucré un poco en la problemática de los derechos de las personas con discapacidad, Rosa María Gómez Saavedra, a la sazón Directora de Atención a Grupos Vulnerables del gobierno municipal de Zeferino Torreblanca--- primer presidente municipal independiente desde Juan R. Escudero---, me propuso darle el cuento a Citlali Guerrero, actriz y directora teatral, para que en el día internacional de las personas con discapacidad, presentara en el evento oficial una adaptación de La Rabia de Juan. Así lo hice y Citlali hizo una versión libre, diría yo, sobre mi cuento, bajo la forma de un monólogo poderoso que impactó a mas de tres.

El original de mi cuento se perdió en la inundación del huracán Pauline y así también el libro autografiado por Vizcaíno y Taibo, pero he leído algunos de sus libros: un libro de cuentos, un par de novelas policiacas, la biografía del Che Guevara que me conmovió tanto como asegura Taibo que lo estaban algunos de sus entrevistados, veteranos de la guerrilla cubana y africana, curtidos en la guerra, hablando a oscuras por los cortes eléctricos del período especial, pero llorando porque el Comandante no los llevó a Bolivia para morir a su lado. Tengo pendiente comprar el libro que escribió sobre Pancho Villa. Ya no escribo. Ahora soy solo lector.

Así que ayer, cuando buscaba en el área de lácteos de Walmart Costera las claras de huevo, que dicen son mejores que el huevo entero para hombres de mi edad, después de decirle a mi hija Cosette que tomara un bote específico, por aquello de la caducidad, me dí la vuelta y ví a Paco Ignacio Taibo II, muy quitado de la pena buscando algo en los refrigeradores.

No lo dudé.

--- ¡Señor Taibo!---, dije en voz alta, casi grité (¿por qué le habré dicho "señor Taibo" y hablado de "usted", si es bien sabido que es sencillísimo y accesible?).

Volteó de inmediato y, tal vez un poco sorprendido, sonrió y extendió la mano. Entre las cosas que recuerdo le dije fue que era un honor saludarlo de nuevo; que lo había conocido hace muchos años en una plática que dio sobre Juan R. Escudero; que me dió un autógrafo y que si no le molestaba tomarse una foto conmigo.

Respondió que no había problema y le presenté a mi hija, quien medio apantallada lo saludó de mano, y respondió a su pregunta que sí, que ella tomaría la foto.

Yo temblaba de emoción y la clave del teléfono nomás no se reflejaba en la punta de mi dedo vacilante. Al fin pude y Cosette tomó cuatro fotos (ahora que las veo pienso: Tantas playeras y camisas que tengo y tuve que llevar una maltratada en su estampado ¡Chihuahua!). Le agradecí la deferencia y se despidió de mano.

Cosette, ya lejos del lugar de los hechos, y desde luego sin las claras de huevo, estaba muy emocionada también. Ella lo conoce por la serie que hizo para History Channel "La Historia no Contada de México", así que en cierto modo para ella era algo así como ver a un rock star. Decidió: También quería una foto con él. "Pero tu lo abordarás y le pedirás cortésmente una foto, y te disculpas por molestarlo de nuevo, porque esas fotos debieron ser en una sola sesión, sin persecución de por medio", le dije. 

Lo buscamos en el área más probable de encontrar a un escritor: El área de libros, pero no estaba allí. Avanzamos al siguiente pasillo y lo vimos escogiendo películas. Ella, nerviosa y emocionada, se acercó con soltura y le pidió la foto. Esta vez fue un autoretrato.


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